Warner Music o cómo el ‘streaming’ ha salvado a las discográficas

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El negocio de la distribución digital de los contenidos musicales supone ya el 56% de los ingresos de la empresa, que acaba de estrenar en Madrid un nuevo espacio creativo

Por Natalia Otero

Si como decía la canción Video Killed the Radio Star, el vídeo asesinó a la estrella de la radio. En los albores del nuevo milenio, la disrupción digital hizo lo propio con la industria de la música grabada. La irrupción de Napster en 1999 y la proliferación del intercambio de archivos impulsaron la caída de ingresos durante tres lustros, en los que el sector redujo su tamaño casi a la mitad. En 2015, el streaming llegó al rescate de una industria en transformación. Warner Music, uno de los tres sellos más grandes, busca liderar esta nueva ola marcada, entre otros aspectos, por la alta competencia. Su último paso en esta dirección ha sido la apertura de The Music Station, un hub creativo, en Madrid.

“Queremos convertir este recinto en un complejo único culturalmente”, dice sentado en una de sus salas Guillermo González, presidente de Warner Music Iberia. Su origen se remonta a 2015, cuando se sumaron al proyecto de transformar la cabecera de la antigua estación del Norte, en Madrid, en un teatro. En aquel momento, González se fijó en las torres laterales y pensó en que serían un buen lugar al que trasladarse. Con la llegada de la pandemia, esta posibilidad tomó fuerza ante la salida de las empresas que habían decidido instalarse en ellas.

The Music Station cuenta con espacio de coworking para los empleados, estudios de grabación, salas de composición, de ensayo y un plató, entre otros espacios que se gestionan a través de una aplicación móvil y disponibles a cualquier hora. Además del teatro y las oficinas, albergará también una discoteca, un restaurante, una tienda y un museo.

Desde una perspectiva estratégica, dice González, el hub aspira a convertirse en un punto de acceso y lugar de colaboración para artistas, en un contexto en el que la producción en español ya mira de tú a tú a la anglosajona y en el que músicos de mercados emergentes pisan fuerte. “Este sitio, y así me lo han comunicado mis compañeros, es como la puerta de entrada a un montón de culturas”, comenta el directivo. “Creo que le va a dar a España y a Madrid un lugar internacional, en lo que a música se refiere, que no teníamos”.

Guillermo González, presidente de Warner Iberia, en el nuevo ‘hub’ de la compañía: The Music Station. Jaime Villanueva

Para la compañía, esta apuesta supone asumir un lugar pionero y, de alguna manera, comenta González, liderar la transformación del sector, que ha cambiado el papel de estas empresas. “No somos una discográfica ya, somos una compañía de música. Una discográfica, como bien dice la palabra, sacaba discos. Ahora nuestro rol es mucho más amplio”.

En 2021, los ingresos del sector superaron los de 1999 por primera vez desde entonces, alcanzando los 25.900 millones de dólares (24.205 millones de euros), un 18,5% más que en 2020, según el último informe de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, por sus siglas en inglés). El 65% proviene del streaming, un 24,3% más que el año anterior. “La industria musical es polifacética ahora”, dice por videollamada el presidente de Internacional de la compañía, Simon Robson. “Pero sí, el streaming es la oportunidad significativa de crecimiento en este momento”.

Simon Robson, presidente de Warner Music

En las cuentas de Warner, que salió a Bolsa en 2020 (su capitalización es de 15.300 millones de dólares), el streaming supone alrededor del 56% de los ingresos, que alcanzaron 5.301 millones de dólares en 2021, un 19% más. La compañía, que tiene en su catálogo nombres superventas como Ed Sheeran o Dua Lipa, registró un resultado de explotación de 1.090 millones y beneficios por valor de 307 millones, recuperándose de las pérdidas de más de 400 millones del ejercicio anterior.

La música ya no necesita un soporte físico y el móvil se ha convertido en uno de los dispositivos preferidos para su reproducción, lo que ha facilitado el acceso de los consumidores a ella y ampliado su alcance tanto en mercados ya maduros como en emergentes. El norte de África y Oriente Próximo, por ejemplo, es la región en la que se ha experimentado mayor crecimiento respecto al año pasado, un 35% más —­con ingresos por streaming que suponen el 95% del total—, seguido por América Latina, con un 31,2%, de acuerdo con IFPI.

“Lo más emocionante desde la perspectiva de la música grabada es que se está convirtiendo en un mercado verdaderamente global y eso significa que se está abriendo a muchos más artistas y sonidos interesantes”, comenta Robson. Los consumidores escuchan cada vez más artistas locales y, a la vez, su música puede llegar a cualquier lugar desde el primer momento. El ejecutivo asegura que uno de sus enfoques específicos es tratar de lanzar hits no anglosajones en todo el mundo: “Es una de mis prioridades”.

La innovación en lo que a líneas de negocio se refiere es fundamental para mantener el impulso. “Me gustaría pensar que Warner está realmente a la vanguardia en la búsqueda de oportunidades”, dice Robson al respecto. La compañía, por ejemplo, trabaja con Peloton, la plataforma de entrenamiento en bicicleta, y con Roblox, dedicada al juego en línea. También han cerrado acuerdos con TikTok y Facebook y recientemente se han asomado al fenómeno de los NFT (token no fungibles) con Web3, entre otras apuestas.

El streaming ha sido el chaleco salvavidas de la industria, pero también trajo consigo nuevos desafíos para los sellos. “Es un momento muy emocionante para estar en la industria, pero también muy exigente”, comenta Robson. El sector es muy competitivo. Hay más música —en una de las plataformas que existen se suben alrededor de 60.000 nuevas canciones al día—, por lo que es más difícil para los artistas hacerse notar. Por otro lado, estos tienen más opciones y plataformas entre las que elegir para su carrera y también pueden ser más independientes. En este contexto, Warner cuenta con varios puntos fuertes, como su capacidad para llegar a los consumidores, abrir otras líneas de monetización y llevar a artistas al éxito global.

La importancia del nuevo modelo de negocio en la recuperación del sector es evidente, pero ha despertado críticas por la forma en la que se reparten los beneficios. Por ejemplo, el Parlamento británico publicó el año pasado, tras una investigación, que entre el 30% y el 34% de los ingresos de streaming en el Reino Unido acababa en manos de las plataformas y el 55% en las de las discográficas. “Es muy raro tener algo que sea perfecto”, dice Robson al ser preguntado por las críticas al sistema, “pero creo que los beneficios superan lo negativo, porque cada vez más artistas han podido vivir de la música y, especialmente, más allá del Reino Unido, EE UU y Europa”.

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